viernes, 31 de julio de 2009

EL FUEGO DE ETA EN PALMANOVA


La banda terrorista Eta ha golpeado hace apenas diez horas a la capital veraniega de la monarquía constitucional, desafiando las medidas de seguridad que en estas fechas extreman en estos lares las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de Estado. Y lo ha hecho en el centro neurálgico del turismo, a pleno día, sembrando el caos y el terror, sin importarle un ápice que Palmanova -situada en el término mallorquín de Calvià- bulla en estos días con miles de británicos en sus calles. Eran cerca de las dos de la tarde cuando una bomba lapa hacía explosión en los bajos de un Nissan Patrol de la Guardia Civil, matando en el acto a sus dos ocupantes, dos jóvenes agentes. Milagrosamente en la zona, muy concurrida, no ha habido que lamentar más víctimas.
Pretendían hacer lo propio apenas unos metros más allá, en unas viejas instalaciones de un cuartel de la Benemérita hoy semi abandonado, aunque en esta ocasión la bomba ha sido localizada antes de que alguien encendiera el motor del vehículo aparcado en sus cercanías, y activara la mortífera carga. El golpe, sin embargo, ha sido doble: por un lado se han cargado la imagen de que Mallorca era invulnerable con su Mediterráneo a modo de escudo y, por otra, han averiado sine die el motor económico de esta isla: el turismo. Renqueante como ya estaba por los avatares de la crisis y la amenaza de la pandemia de la Gripe A, el atentado acaba de dar la puntilla final.
Va ser muy difícil reparar el daño psicológico, remontar una temporada que este agosto en ciernes se presentaba ya aciaga para el sector y, lo que es peor, ha puesto en solfa, una vez más, el error de la política antiterrorista aplicada por Zapatero tras su fracasado intento de diálogo con la banda. Sus reiteradas mentiras tras la explosión en la madrileña terminal aeroportuaria T4 -tras haber anunciado el cese de las negociaciones cuando en esas fechas aún se mantenían los contactos- vienen a sumarse a su larga lista de despropósitos y errores, aunque no fue esa más que otra piedra angular sobre la que resbala un proceso irreversible en el que nadie vislumbra solución alguna.
Eta, desalojada de sus áreas de poder en el País Vasco tras el bipartido PP-PSOE, está rabiosa. Ilegalizados sus partidos satélites, sin poder arrimarse ya a la sombra del PNV cuando la cosa está que arde, descubiertos antes de poder amparse en los vericuetos del Parlamento Europeo en Estrasburgo, no les queda otra que seguir azuzando el fuego del independentismo allí donde más duele.
Esta tarde el miedo flotaba en Palma, en sus alrededores, en cada rincón. Los controles policiales por doquier nos han recordado a todos lo vulnerables que somos, lo mal que van las cosas en este pobre país, lo inútiles que son nuestros políticos y la certeza, una vez más, de que si no estuviéramos en la Unión Europea España sería otro corralito argentino.
Así no se puede seguir. El desmembramiento del mal llamado Estado de Derecho es harto evidente, y urge cambiar de dirección para tratar de aplastar con firmeza todas estas lacras que nos llevan a la deriva hacia el desastre más absoluto.
Lo malo, al menos en lo que atañe al terrorismo, es que es imposible luchar contra el peor enemigo al que uno puede enfrentarse: una idea. No tiene entidad, es abstracta, no se la puede asir y ahogar y, por lo tanto, es invencible. Siempre resurgirá desde las pantanosas ciénagas en que chapotean políticos sin escrúpulos, esa gentuza a la que sin ambages calificaba no hace mucho el escritor Pérez Reverte para escándalo de pocos y aplauso de muchos.
Mallorca también está herida de muerte.

miércoles, 29 de julio de 2009

EL SONIDO QUE HUYE


En la soledad del propio corazón se oye cada noche cómo late el silencio, los últimos ecos de un crepúsculo que aún crepita, el sonido que hacen las horas cuando sucumben, y cómo se acerca con sus pasos de nube el lejano grito del día.
Entre los vacíos de ese pálpito van cayendo los sueños desde la luz inoportuna de la vida sobre el reflejo de la nostalgia, allí donde todas las lágrimas dejaron su huella, como si fueran ahora las estrellas de un pequeño firmamento hecho añicos.

jueves, 16 de julio de 2009

OTRA ODIOSA PARADOJA

El paso del tiempo tendría que ir parejo con un envejecimiento de los sentimientos y, en consecuencia, tornarse éstos menos vivos, hasta llegar a diluirse alguna vez en el recuerdo. Mas no es así. Mientras que las células van desapareciendo, desgastándose, y por ende la energía va cada vez a menos a la par que el cuerpo se nos arruga como queriendo recordarnos los surcos de la vida en los que hemos tropezado, a ellos les trae sin cuidado el proceso, y van 'rejuveneciendo' para desesperación de muchos y consuelo de pocos. Se torna así la vida más triste cada vez, y todos aquellos que alguna vez soñamos que estaríamos más tranquilos pasado el ecuador de la existencia, nos despertamos cada día con una realidad multiplicada, tanto en lo bueno como en lo malo.
Este nerviosismo existencial, alimentado por todos los disgustos habidos y por haber, está además ayudado paradójicamente por un cansancio crónico que se enaltece día a día, y contra el que hemos de luchar con todas nuestras defensas bajo mínimos. A este fenómeno ha contribuido la hartura de tantos años trabajando, tantos desengaños, toda esta retahíla de desgracias asociadas a un devenir que sólo unos afortunados han encontrado divertido e interesante. Expulsados del paraíso de la infancia, desterrados de una adolescencia que se las prometía eterna, la madurez nos trae de esta forma este regalo en forma de cruz: unos sentimientos que no quieren ser viejos, y que se empeñan en vestirse cada nueva jornada con renovados bríos para seguir combatiendo, lo más apuestos posibles, en esa guerra que nos hemos labrado, y en donde no hay tregua posible. ¿A alguien le queda ya valor para desertar?

viernes, 10 de julio de 2009

A SAN FERMÍN LO DECAPITARON

En el lamentable guión que desarrolla el pueblo español en sus más arraigadas fiestas populares, ya desde el medioevo, existe siempre hueco para que los animales interpreten un decadente papel como obligados comparsas. Con el sufrimiento de éstos últimos emerge una inmisericordia atávica cuyos abalorios son la incultura y la crueldad más descarnada, lo que ayuda a que la película sobre la historia de este país esté aún más teñida de sangre.
Las fiestas de San Fermín son claro ejemplo de ello, mal que les pese a algunos, empeñados como están en que esta tradición navarra -por mor de un díscolo santo decapitado en el siglo III- sea ejemplo de concordia y buen hacer. Nada más lejos de la realidad.
A mí todo lo que tenga que ver con el padecimiento de cuadrúpedos, bípedos, palmípedos o demás seres de la naturaleza de distinta clasificación y condición, enmarcados fuera de la especie humana, -y algunas veces dentro de ella- me espeluzna. Hace escasamente unas horas un toro, llamado Capuchino, ha matado de una cornada en el cuello a un madrileño de 27 años que corría delante de los morlacos y que ha tenido la mala suerte de caer en el sitio más inoportuno. En el telediario de la Sexta, que no he tenido más remedio que ver porque a esa hora en que me sentaba no había otra opción, han presentado al causante del fallecimiento como a un "animal ávido de sangre", en otro alarde de estupidez informativa por cierto muy acorde con los tiempos que ahora vivimos en España, y en donde desde luego no hay lugar para discrepar de todo lo que tenga que ver con colectivos, masas, y mucho menos contra aquellos que rigen su comportamiento bajo la batuta de un proguesismo ideológico que ha sido impuesto a fuego por la izquierda más recalcitrante. Aunque no sea este último caso paradigma de lo expuesto a modo de coletilla, sí es cierto que tal apreciación viene al pelo para rubricar lo subrayado al principio del post. Y es que siempre hace falta un apuntador por si a alguien se le ocurre pensar por sí mismo.
Las fiestas de San Fermín, al menos en lo que se refiere al tema de los toros corriendo asustados por las calles, son de juzgado de guardia. Por mucho que Hemingway se empeñara en su día en verle su lado poético medio trompa, a mí no me cuela que tal celebración haya de convertirse por narices en algo que deba ser respetado y venerado. Hasta aquí podríamos llegar. Ya está bien de tanta tomadura de pelo y tanta tontería. Al menos, con el fútbol, ese deporte donde se pone también de relieve lo estúpida que puede llegar a ser la gente, los aficionados no mueren medio decapitados y los animales no sufren. Bueno, algunos sí...los aficionados del equipo perdedor.

sábado, 27 de junio de 2009

MICHAEL JACKSON EN LA PLAZA DE SANTA CATALINA

No sé cuántos años tendría, si unos diez u once. Mi padre me llevó a una tienda de discos situada en una travesía de la palmesana plaza de Santa Catalina, tras mis constantes peticiones de que "quiero escuchar la música moderna que se hace hoy en día fuera de España". Abierto como estaba siempre a mis inquietudes me había prometido que me compraría lo mejor, "esa música negra de locos que tanto te gusta escuchar por la radio". Y para allá que fuimos. Tras oír de una generosa dependienta algunos temas, nos llevamos dos discos de 45 revoluciones por minuto: Uno de The Animals, y otro de los Jackson Five, en cuya cara A figuraba el tema ABC. Al llegar a casa no paré de poner la cara B de éste último, un tema que no recuerdo, quizás puesto allí de relleno como se solía hacer por entonces, pero que me puso en contacto directo con las raíces del auténtico Soul, y me abrió así las puertas de un mundo que jamás he perdido de vista. Hablar hoy aquí de Michael Jackson, tras su muerte, es por lo tanto obligado; y no lo es sólo a modo de tributo por lo expuesto, sino por tantas otras cosas... Existen artistas que han estado bendecidos por un talento que los aleja un poco de los demás hombres pero que, a la vez, los hace mucho más cercanos a ellos, porque han sabido tocar algo que casi ninguna otra persona ha podido hacer nunca: ponerles la mano en el alma. Su música, en ocasiones, ha sabido convertirse en el diapasón que ha marcado esa vibración mágica y misteriosa de gentes de todo el mundo, sin diferencias de raza u origen, un compás que une y proporciona un estado mental y espiritual muy próximo a la génesis misma de la existencia. De este éxtasis que proporciona una comunión universal fuera de toda lógica, y que se aleja por ende de cualquier análisis, han bebido millones de personas en el globo asistiendo a los conciertos de Jackson o simplemente escuchando su música -era, además, el mejor bailarín que ha habido nunca sobre un escenario-. El era uno de ellos, uno de los bendecidos. Y no importa si a uno le gusta más otro intérprete, o este mismo. Es lo mismo. Lo que es innegable es que Michael formaba parte de esa élite de elegidos, los mismos que han tenido que sacrificar su vida antes de lo previsto, como si esto fuera el obligado peaje que han de pagar para que otros vivan y sientan, aunque sea por pequeños momentos, un poco más. La eternidad, de todas formas, ya se la han ganado, y con ella nuestro cariño, respeto y gratitud. Gracias papá por llevarme aquella lejana mañana a esa vieja tienda de discos. Tú también eras muy especial, y era de recibo que me presentaras a quien como tú también se ha ido para siempre. Es el círculo que nunca se cierra, con sus imposibles aristas que siempre acaban destilando una tristeza insondable e indecible que va derritiendo ese alma desde la cual todos acabaremos precipitándonos algún día, hacia las fauces de lo eterno. Dios os bendiga.


miércoles, 24 de junio de 2009

DIÁLOGO DE SORDOS


Y usted, ¿qué cree? ¿Opina que la vida es un caos regido por el azar, que el orden de las cosas sólo encuentra tal derrotero en aras de nuestro pensamiento, que sin éste último las cosas no serían las mismas, y así el razonamiento se disiparía dejando paso a un orden natural regido por esa maquinaria invisible pero perceptible que rige ese universo disperso, pero a su manera organizado? ¿Sería el sol o las estrellas lo que son si no las interpretáramos? ¿La muerte es realmente lo que parece o es sólo un maldito paripé de las células?
Las preguntas me las lanzó ayer un indigente cuando me apresuraba hacia el Corté Inglés para que Aznar le firmara su libro a mi mujer -por cierto la que sale en la foto, tan guapa como siempre-. Iba enfundado en un abrigo de lana pese a las altas temperaturas -el indigente, claro- a pesar de que ya había asomado el cogote el solsticio de verano. Hice un alto en el camino y le espeté: No lo sé, pero creo, sinceramente, que vivimos un sueño dentro de otro sueño, y que éste lo fabrica alguien que no somos nosotros.
El mendigo se quedó un instante en silencio. Luego, pausadamente, me dijo: Es usted el único que me ha dado en la vida una respuesta razonable.
Antes de perderse de vista me lanzó un saludo con la mano. Observé que bajaba la cabeza mientras se alejaba, como si intentara ordenar bombeando más sangre a sus sienes lo escuchado.
Cuando salí del Corte Inglés, con mi libro bajo el brazo, busqué infructuosamente a esa persona. Si la hubiera encontrado le hubiera dicho que si quería conocer todas las respuestas tan sólo tendría que cruzar el umbral de los grandes almacenes, y las conseguiría. Le hubiera bastado con hablar con cualquiera que arropaba al ex presidente para comprender que todo es inútil: que el fallo no radica en las contestaciones, sino en las preguntas.

sábado, 16 de mayo de 2009

EL LIBRO DE LA VIDA

En cada página del libro de la vida que vamos escribiendo sin darnos cuenta, se van yendo para no volver nuestros latidos, y con ellos todos los ecos del amor que no llegarán jamás a oídos de quienes nos quieren. Las palabras que nunca escribiremos y las sílabas que nos hemos ido guardando se perderán entre sus pliegues, y cuando la mano del tiempo lo arranque de la librería del destino sólo encontrará hojas en blanco, o párrafos inconexos perdidos en recovecos de futilezas y paréntesis vacíos.
Los silencios que nos olvidamos de imprimir se tornarán entonces lamentos intuidos, gritos que no salieron de nuestras bocas. Los ríos de tinta que vayan a romper en el mar de la vida serán así únicamente rumores, murmullos que se alejan, igual que las olas cuando se pliegan tras llegar a la orilla.
Esta noche de nostalgia en que apenas mi mano puede arrastrar las frases, cierro el mío por un momento, y lo pongo junto al tuyo en un deseo vano y huidizo, el mismo que va soñando con esas brisas tristes que desvelan secretos todavía no escritos, y que pueden despertar todas las verdades que nuestros corazones conocen.

sábado, 9 de mayo de 2009

CHANTAJES AUTONÓMICOS


Que a Nadal le crecían los enanos ya lo apuntaba no hace mucho en un reciente post de este blog, y que su futuro político estaba en la cuerda floja, también. Los hombres de la vieja guardia de Munar no han tardado en recibir órdenes de la 'jefa' aprovechando la actual coyuntura. Acaban de convocar esta tarde para después de las europeas un congreso extraordinario para elegir un nuevo presidente. El secretario general alega inestabilidad en el partido, tras haber dejado caer entre otras cosas que el error cometido con Cañellas, al que el presidente postuló como candidato para Bruselas a pesar de ser incompatible su cargo de conseller, es una de las razones de peso. Nada más falso. Can Domenge es la razón. Miquel Nadal dejó caer en su reciente comparecencia judicial, como quien no quiere la cosa, el nombre de Munar -aunque sin citarla en un alarde eufemístico- como excusa para que él fuera el autor de la firma en el concurso de la adjudicación de marras: "Ella estaba enferma y no lo pudo hacer". Craso error. La madame, que propició el cambio de gobierno en las islas a cambio de un presunto pacto secreto para quedar `blindada' ante los fiscales, ya no ha esperado más: Nadal debe marcharse. El que la hace la paga. Miquel Angel Grimalt y Miquel Ferrer, -este primero ya se postula como sucesor- han sido los encargados de anunciar ante la Ejecutiva que le van a llevar ante los verdugos, unas bases que deberán decidir en ciernes cuál va a ser el futuro de este partido bisagra.
Los arrebatos tipo Son Baco y otras tantas salidas de tono no han sido más que el caldo de cultivo para lo que ahora se avecina, (sin olvidarnos claro que en diciembre de 2007 Nadal dejó fuera de la Ejecutiva al ex secretario general y hombre de confianza de Munar, Damiá Nicolau). El actual presidente de UM ya ha sido advertido de que no debe presentarse a la reelección, y él ha aceptado a tenor de lo dicho hoy: "No tengo demasiadas ganas de continuar". Pues muy bien. Aquí todo va a base de chantajes, por lo que se ve. Detrás de todo está además la sombra alargada de Antich y sus fiscales anticorrupción, por si acaso hay que apuntalar...

miércoles, 6 de mayo de 2009

FANTASMAS ENAMORADOS

Siempre están ahí, al acecho, o simplemente esperan a que les llame tu subconsciente para dejar de merodear aburridos por los recovecos de tu cerebro. Nacieron poco a poco, forjaron cada molécula de su incorpórea y metafórica presencia a golpe de experiencia, dibujaron sus contornos con las sombras de todo lo que deseas olvidar, y no puedes.
Algunos de ellos tienen el color grisáceo del polvo, de tanto arrastrar sus cadenas, otros son inmaculados y poseen unos ojos muy grandes, como si estuvieran ávidos por aprender lo que nunca se les dio oportunidad de saber, y los más tienen el color de la incandescencia, y la mera intuición de su presencia te abrasa el alma. Pululan en las noches de los desengaños, en los plenilunios del infortunio. Sus lamentos pueden incluso eclipsar los pensamientos, y muchos saben que son capaces de llorar por sí solos cuando a ti se te han agotado todas las lágrimas.
Mis fantasmas susurran soledades de hotel, sonidos que crujen sobre sus mesas, de olvidos, tristezas, de amantes que no olvidan y que con sus cantos de sirena quieren arrastrarte de nuevo sobre las costas de mares envenenados. Te proponen que allí te arroparán con sus manos, que no dejarán que te estrelles con las demás olas, pero mienten. Si cedes a su llamada te volverán a dejar sobre la arena. Será allí donde dejarán de ser fantasmas, y te convertirán en uno de ellos para así liberarse.
Sí, siempre están ahí. Y lo peor es que tú quieres pertenecer de nuevo a su estirpe, y así librarte de sus cantos de sirena y llegar, en un deseo inútil, a sus brazos anhelantes y llenos de sangre.
Son como novias despechadas ávidas de venganza, aunque si no estuvieran realmente enamoradas cederían su sitio a la muerte. Yo beso a mis fantasmas en la distancia, aunque sé que algún día me tendrán de nuevo. La noche, su cómplice, tiene la boca abierta; viene de comerse todos los miedos de la ciudad, y mientras mastica te ofrece otra oportunidad para que entres en su oscuridad, y oficies así el exorcismo de su resurrección.

martes, 14 de abril de 2009

DE MAFIAS Y VERDADES

Si hay algo que se parezca más a la estructura de una mafia, sin ser del todo ilegal aunque se descubra de vez en cuando algún que otro 'tejemaneje', es la política. Aquellos que no hablan de oídas, sino que han estado en contacto con los entresijos de las cúpulas de los partidos -o que son lo suficientemente inteligentes para verlo- saben que tal afirmación es totalmente cierta, y que sus miembros difieren muy poco en sus formas de actuar con la de los clanes citados. Detallar sus movimientos y semejanzas se me antoja baladí, y aunque la gran mayoría de los ciudadanos reafirma lo expuesto, lo cierto es que en el fondo estos últimos creen que se equivocan, y que a los políticos, al final, lo único que les mueve es el altruismo. Ingenuos ellos en su desesperado intento por no ver lo evidente. Diré más. Los partidos son todavía más peligrosos que 'los otros', toda vez que sus equivocaciones no las pagan unos pocos en forma de tiro en la cabeza, sino la gran mayoría a modo de privaciones y sufrimientos, una lenta agonía ante la que muchos hacen la vista gorda. Nada saben de lealtades, y sí de intereses propios. Así son los políticos de ahora. Los que están en el centro del meollo se apoyan los unos en los otros para no ser tragados por los remolinos que generan sus propias mentiras. Las lealtades interesadas son sus salvavidas, y al que se sale de guión o ya no interesa, lo matan simplemente con el olvido. Ese olvido hacia quienes les depositaron su voto, lo reparten también desde el poder a todo ese mal llamado pueblo, que nada puede hacer sino autoengañarse una y otra vez, en un afán suicida por taparle los ojos a esa certeza que les asalta cada día cuando saben de sus andanzas, y ven como todas las promesas caen en el profundo pozo de la desesperanza, desde donde los elegidos, eso sí, beben ávidamente sin saciarse nunca.
La política lo domina todo. Es el poder absoluto. Sólo están supeditados por la gran banca, aunque ésta no podría a su vez resoplar de satisfacción sin hacerlo al alimón con los anteriores. Para poder saber lo que es el poder, en todas sus manifestaciones, poder participar de él aunque sea de refilón, -si logras alguna vez entrar en su círculo- tienes que tener un padrino político. Si no, no hay manera. Pertenecerás siempre al bando de los perdedores, y nunca sabrás lo que es la dolce vita. A menos que seas funcionario, claro.

martes, 7 de abril de 2009

LA PROCESIÓN DE LOS ENCAPUCHADOS


Huidos todos de mis pensamientos, y al revés, crucificado me veo en el olvido más desolador. El silencio, el suyo también, me ha clavado en la más pesada de las cruces, y los pasos de Semana Santa certificarán en breve mi calvario. Las peladillas que antaño se antojaban regalos ansiados serán ahora como piedras, las mismas que marcan a la fuerza el compás de este corazón que ya no quiere latir más, y el redoble del tambor anunciará mi muerte prematura.
En los lugares de trabajo donde debería estar por derecho hay ahora fantasmas que supusieron susurrar no a destiempo sus prometidas prebendas, y en los bancos ninguna nómina lleva mi nombre. Se han cerrado las cortinas en el teatro de la vida. Sólo quedan los rescoldos de algunos aplausos, que no son ya ni el recuerdo del clamor de un sonido antiguo de loa, y el parpadeo fugaz de una llama que sólo alumbra a quienes quiero y sufren por mí.
El reloj de arena no quiere dar otra vez la vuelta. Los compases de espera se han hecho demasiado largos, y los grumos no dejan caer ya apenas un sólo grano en el interior de ese tubo de vidrio que imagino es mi agonía.
Y como paradoja esto no lo lee nadie, aunque bien pensado es el mejor reflejo de todo lo expuesto, como si fuera un espejo en el que sólo cabe la mirada de él mismo, repetido hasta la infinitud en un largo pasillo sin principio ni final.
El éxito es la habilidad de ir de fracaso en fracaso sin perder entusiasmo.

lunes, 6 de abril de 2009

NO QUIERO FORMAR PARTE DE VUESTRA VIDA


Vivir a salvo de los demás, protegido, sólo se puede conseguir con dinero, sin tener que trabajar. La necesidad de pertenecer a un colectivo laboral te convierte en un esclavo a la intemperie, expuesto, que será azotado por todas las miserias. La condición humana será un látigo implacable, y te levantará todas las llagas que dejan al descubierto todos los surcos que conducen al miedo, a la incertidumbre, al asco existencial; te mostrarán, al final, de qué tipo de materia está hecha realmente la carne. El dinero te hace libre, es el mejor escudo. Nadie te puede tocar. Desde la independencia económica todo queda un poco más lejos, lo suficiente para seguir adelante e involucrarte en la locura general sólo lo justo, desde una perspectiva segura. Los que lo sabemos, y no lo tenemos, -aunque un día lo tuvimos- sentimos pánico ante la perspectiva de tener que entrar a formar parte, de un momento a otro, de toda esa jauría que se desgañita ahí fuera por encontrar un hueco, y rezamos a nuestro Dios para que eso suceda lo más tarde posible, o nunca. No creo en la bondad. Comprendo además que nuestra subjetividad teje una realidad inexistente, y que la verdad radica así sólo en lo que creemos y en lo que no somos. Nos enredamos en una telaraña sin sentido, donde nos atrapa la irrealidad de un sueño genético. Los humanos somos malos por naturaleza. El sentimiento que aflora tras contemplar una obra de arte, o la empatía por el sufrimiento de un niño, o esa piedad que nos inunda tras ver a un anciano desvalido, no son más que productos de nuestro propio miedo, disfrazado. Las relaciones sociales se alimentan de esta manera. Pánico a ser rechazados, temor a quedarnos solos, angustia ante la perspectiva de sufrir sin que nadie nos ayude y nos entienda. Aprensión a todas las clases de muerte, en definitiva. El mecanismo de defensa enmascara así el aislamiento al que todos estamos abocados. Así que, cuando no te queda más remedio que unirte a ellos, sólo puedes fingir que sonríes. Y es que, como dijo Nietzsche, la potencia intelectual de un hombre se mide sólo por la dosis de humor que es capaz de utilizar.

jueves, 26 de marzo de 2009

FOTOGRAMA POLÍTICO


Pasan los días a una velocidad de vértigo. En el escenario político palmesano, por contraste, todos se mueven con una lentitud propia de una película rodada a cámara lenta. Los actores gesticulan torpemente entre el miedo y la avidez por no tropezar con sus sillones, no vaya a ser que se les vuelquen a destiempo, esperando que el guión se desarrolle lo más despacio posible, temerosos y sabedores que sus márgenes están ya pactados. La Fiscalía hace de comparsa, en un papel dictado por los socialistas, y que se reparte incluso allende esta comunidad balear. Todo está planeado desde la oposición, mucho más inteligente y paciente. La toma de posiciones, al otro lado de la pantalla, no difiere mucho del ritmo impuesto, y los espectadores, sin saberlo, han comprado ya sus entradas para la posible decepción de otro estreno.
Los medios afines a los sociatas apenas atinan al enfocar con sus cámaras a los protagonistas de este metafórico film, que me sirve de excusa para plasmar estas letras. Las suyas, impresas todos los días, retratan difuminadas, como si se tratara de esos grandes carteles que anunciaban antaño las próximas novedades, los verdaderos rostros de los que se esconden entre bambalinas.
Sí, todo avanza con una lentitud que exaspera, mientras el país trata de no hundirse del todo, como si fuera un náufrago que chapotea desesperado en medio del océano, mientras cree divisar a lo lejos los fotogramas borrosos de un barco que se acerca, y que ya va izando la bandera de la esperanza.

domingo, 22 de marzo de 2009

AMIGOS A LA DERIVA

Los inevitables avatares de la vida tienen parte de responsabilidad a la hora de no poder contar con muchos amigos, tantos los de antaño como con esos que se han ido incorporando por el camino. Muchos de estos últimos no gozan siquiera de tal privilegio, y toman tan sólo el apelativo a raíz de un magnánimo deseo por no relegarlos a otras categorías menos afortunadas en el escalafón de la confraternidad. Y es que, más que nada, son o han sido meros compañeros de trabajo que han confluido en un momento determinado y que, por lo tanto, al final han tomado otros atajos existenciales que les han llevado a paisajes lejanos donde es harto difícil columbrarlos. Los primeros, los que vienen de la infancia, han tenido el inconveniente de que se han ido yendo al otro barrio con más premura de la que uno hubiera deseado. Eran los que más valían, los auténticos, los más talentosos, virtud ésta que parece reñida con una vida longeva. Los amigos de verdad, los de lozanas correrías y a quienes les tocó vivir la adolescencia -como el que esto escribe- en plenos setenta y ochenta la filosofía del rock que nos impregnó, acabó por dar al traste con sus planes, y en gran número fueron cayendo por la herencia de las drogas y demás excesos.
Algunos, a los que llamo los supervivientes, quedaron casi todos algo 'tocados', y rara vez te reconocen por la calle por culpa de unas cuantas neuronas descolocadas a destiempo, aunque son los menos. Los del cole, los que marcamos en la zona de la palmesana Plaza Gomila toda una forma de vida, los primeros en colocarnos unas gafas Rayban de negros cristales, y calzarnos unos Levis made in Usa con camisa a juego, -inencontrables en esos tiempos en ninguna tienda- los que paseábamos con los primeros discos de Lou Reed o Iggy Pop bajo el brazo, o por aquello de los porros con lo último de Supertramp o Yes, por no menospreciar a nuestro inolvidable Morrison, se han muerto casi todos, como digo. En mi caso todos, menos yo. Por eso lo de los nuevos amigos me suena a guasa, a gente de paso que pronto se olvida, y que la única certeza que has sacado de ellos es que, inevitablemente, siempre te fallarán en los momentos que más los necesitas, y cometes la torpeza de pedir su amparo, aunque sólo sea para charlar.
Lástima que desde el cielo, o donde quiera que estén los otros, los de verdad, no puedan hacer más que ocupar en nuestra memoria, y en lo más profundo de nuestro corazón, un lugar que nadie usurpará. Para ellos estas líneas, y todo mi cariño. No os olvido.

viernes, 20 de marzo de 2009

RECUERDOS DE UNA PENSIÓN

Todo se entrelaza otra vez y el timbre corre despavorido, raudo hacia los oídos de la casera de la pensión. Es una mujer cincuentona de andar cansino, ojeada sospechosa y parlamento austero. Se pliega la falda con sus minúsculas manos, afanosa por cobrar. Le entrego la tarifa y relaja el entrecejo, desde donde caen parte de sus preocupaciones, dándole una tregua a las arrugas. La casa es antigua, decorada al estilo ecléctico. Los relojes de cuco marcan el compás de la rutina junto a los sonidos de un viejo televisor, allí donde se reúnen al finalizar la jornada los pocos inquilinos. Uno de ellos, don Hipólito, maneja pata de palo y gorra de almirante. Saca sus cuartos de la mendicidad y dice sentirse muy orgulloso.

-Todo antes que trabajar de recadero –afirma exaltado aprovechando los anuncios- ¡Pues estaría bueno que con esta desgracia que gasto tuviese encima que ir corriendo por ahí!

El tedio de la tarde deja paso a la elipsis por donde se cuelan los ruidos que llegan de la calle. Es el momento que aprovecha don Agustín para justificar su aislamiento social y la soledad que reflejan sus dieciséis lustros.

-Si, llevo aquí con doña Asunción treinta años, que no son pocos, y cada día que pasa estoy más contento. Si bien es cierto que jamás ha dado cena o comida alguna a sus huéspedes, no menos lo es el hecho de que todo está siempre muy limpio. Nadie puede decir lo contrario, que no es menester infamar su reputación ni menoscabar su empeño y diligencia.

Doña Asunción jamás agradece el cumplido. Hace vida aparte en una salita donde está prohibido entrar. Siempre ha habido clases, y ella no va a poner la nota discordante. La mujer de la limpieza, una dominicana entrada en años, vive también en la pensión, y no la puede ver. Anuncia a voz en grito casi todas las mañanas, cuando ella sale a comprar, que le va a tirar la plancha a la cara un día de estos.
Yo soy el único que la escucho, echado en el catre pensando en cómo quitarme de en medio. Hace un calor sofocante. Estamos en pleno mes de agosto en Madrid. El humo de los coches avanza en espirales hasta el quicio de mi ventana. Parece envidiar al de mis cigarrillos, más azulado y elegante. Se oye un carraspeo en la habitación contigua. Es Don Gaspar, a quien le viene la tos. La tiene instalada en su garganta desde hace mucho tiempo, como un huésped inoportuno que hace ruido y al que no hay manera de echar, y menos con cajas destempladas. Convive con ella muchas horas al día, y hay veces que le gustaría poder estrangularla con sus propias manos, pero no lo hace por temor a ahogarse él mismo. La culpa la tiene el tabaco que fuma, que le está matando. Don Gaspar sabe que el humo es muy malo y que lejos de aventar males, llama a gritos a la parca, pero no lo puede evitar. Se diría que cada vez que enciende un cigarrillo está tratando de inmolarse a plazos, que aspira a desaparecer entre sus remolinos o, al menos, a disimular su existencia entre las virutas. A Don Gaspar todo le trae al pairo, menos el fumar. Me dice entre bocanadas que está muy harto, que cualquier día hace una locura, que intentó ser alcohólico pero que no lo consiguió por culpa de su paladar, “demasiado sensible para quemármelo con alcohol, que lo único que hace además es atontar al más pintado”. Don Gaspar está hasta las pelotas, así de claro. Me lo repite en cuanto me ve, entre espasmos pulmonares y blasfemias.
A don Gaspar le violaron antaño dos travestís en una cárcel de Burgos, al poco de ser condenado por el robo de tres mil cajas de puros de un contenedor que acababa de llegar de Cuba, en un muelle viejo del que prefiere no acordarse para que no le entre la mala leche. A mí me da igual, aunque le escucho por respeto, y sobre todo porque me da mucha pena.

lunes, 16 de marzo de 2009

ESPEJISMOS Y VOCES ROTAS

Los lunes las esperanzas juegan a no ser espejismos en el desierto de la ciudad. El sonido de la calle que llega hasta donde escribo parece querer reafirmar que la vida ha caído en la trampa otra vez, mas a mí me parece que simplemente todo está en silencio, y que son sólo los estertores de algo que se apaga, imágenes y ruidos difusos que se pierden en vericuetos imposibles.
Los lunes a mi amargura le queda toda una semana para poder masticar todos los sueños no cumplidos, y poder escupir luego sus trozos sobre el hastío de tanta soledad y tanto deseo frustrado. Sí. Es el primer día de la semana, y el último al que aferrarse antes de soltarle la mano y despeñarse por el calendario hasta un abismo sin nombre. Qué lejos quedan ahora los días de redacción, los saludos de mi secretaria cuando entraba por la puerta, y dejaba luego mi chaqueta en el perchero como queriendo cubrir, sin entonces saberlo, el futuro negro que ahora todo lo tiñe.

domingo, 15 de marzo de 2009

ESA NOSTALGIA DE MADRID QUE NO CESA


Esta mañana no he podido pasear por la Gran Vía, ni ver cómo gasta la incipiente primavera sus primeros pasos por El Retiro, ni atisbar en la Puerta del Sol los primeros rayos del mediodía, ni oler siquiera las porras y el aroma de los cafés que se cuelan por las puertas de tantas cafeterías añoradas. Y es que vivo en Palma de Mallorca, ciudad gris que cambia sólo de color cuando te metes en el mar. Así que he rondado algunas calles, siempre vacías en estas fechas, he bajado la mirada y las orejas cuando ha llegado a mis oídos el odioso catalán impuesto, y me he dado enseguida la vuelta para no morir ahogado al acabarse la única avenida que sirve de escenario a mi domicilio. Palma es hastío, vacío, y en cada rincón surge la nostalgia por estar en tu verdadero sitio, como si fuera el fantasma de una esperanza que sólo sirve para recordarte el eco de tu deseo, ya que ni siquiera puede espantar tanta tristeza y desolación.
Recuerdo cuando paseaba por Madrid con mi abuelo. Los escaparates de las bombonerías repletos de caramelos multicolores, los bancos de los parques donde el olor a tierra se mezclaba con el jolgorio de los niños jugando. Las bulliciosas calles, el repique del metro y las espirales de su humo, el mismo que dibuja ahora, en esta noche de domingo, las figuras intangibles de tantos volátiles deseos.

sábado, 14 de marzo de 2009

LA SOLEDAD DEL JUGADOR

El black jack, la ruleta, los dados, son fronteras imaginarias cruzándose en medio de la desesperación y el ansia. Entre el rojo y el negro y los números fluye la adrenalina, y un atisbo de muerte prematura. La bola girando es una bala, los naipes cuchillos, y las fichas una apuesta por la eternidad. No importa lo que ganes o lo que pierdas, lo único que vale es que estás en el otro lado, en un rincón exclusivo. En una sala de juego está exprimida la desesperación del hombre, chorrea por todas partes, en cada rincón, en cada opción, y parece que se estuviera escupiendo todo el asco del mundo. El auténtico jugador es en cierta medida un suicida a plazos, un héroe al que no le importa perder hasta el alma, un cruzado que desafía en cada envite al miedo buscando la herida de una quimera. A veces contempla cómo éste huye arrastrado por las fichas, aunque siempre vuelve a retarlo, esperando metérselo en el bolsillo; otras escucha la mejor sintonía jamás escrita: la del crupier cantando el número elegido. Es un himno que niega todo lo escrito, cambiando el destino amargo de ese sueño fugaz que es la vida. Al final, siempre se pierde.

lunes, 9 de marzo de 2009

NEGAR A DIOS

Para negar la existencia de Dios se necesita tanta fe como para creer en ella. La dicotomía del espíritu, la dualidad atávica de nuestras almas, es una guerra sin tregua donde el enemigo se convierte en un mero ensueño que proyecta el sufrimiento. Los disparos del corazón abren heridas invisibles, nuevos caminos, aunque no cicatrizan nunca, salvo cuando en las tardes de otoño, mientras los tilos agitan levemente sus ramas allá a lo lejos, en un jardín cualquiera, las caricias se posan suavemente sobre ellas. Es en esa pausa donde está toda la eternidad, habitan los secretos, y las preguntas dejan de tener respuesta porque simplemente ya no se formulan. Es la tibieza de la eternidad, contenida en el soplo de una mano, en el reposo del rostro sobre el ser amado.
Cuando estas solo la fe se disipa; todo corre deprisa, el mundo gira vertiginosamente como si fuera un tiovivo sin control, y parece que van cayendo de los caballitos de madera los versos de todos los poemas escritos, los besos cuyos ecos se convirtieron en siglos, y es entonces cuando estallan sobre un asfalto hirviendo, sin estaciones, ni tiempo. No hay tregua. Tienes que seguir corriendo.

domingo, 8 de marzo de 2009

DE MÚSICAS Y MAREAS


De males, pesadillas, y anhelos, están llenos los libros; y mucho más los bares nocturnos de la urbe.
Si las notas de una bella melodía están plenas de las reminiscencias de un océano espiritual en bruto, las palabras sólo pueden hablarnos de ellos de soslayo, como si fueran ecos extraños, los mismos que señalan un rumbo cualquiera a seguir. Ahora flotan en las canciones al piano que emanan de los dedos del músico esta noche, en que estoy sentado en la barra con los ojos entreabiertos y las manos esperando ser asidas, o conducidas por una batuta invisible hacia el son que me llevara de vuelta, o hacia el trepidante ritmo que me hunde igual que si fuera un barco sumergiéndose en la lejanía con sus luces apagándose a medida que le vence la marea. Quedan entonces en el aire los últimos destellos de los camarotes vislumbrándose desde la bahía. Y puedo soñar que una vez hubo en su interior velas titilando a merced de las olas, y candelabros que las sostienen yendo y viniendo sobre mesas de caoba, y alfombras persas que huelen a jazmín, y a deseo.
Pasan las horas, y se deslizan entre cada una de ellas los sones y los pasos, y el ruido de vasos y mesas va evaporándose, fluyendo hacia el interior de la soledad del bar, allí donde late el corazón que siempre espera otra oportunidad, otra música, otra triste canción que desea que nunca llegue su nota final.
Me subo la solapa del abrigo y dejo atrás el rumor que decrece, y ante mí se abre la boca de la ciudad como si exhalara todo su hastío, o simplemente bostezara cansada por esa historia que todos escribimos sin música ni letras, impresa en una eternidad de frecuencias que han perdido su nombre en la infinitud del tiempo.